Canfranc

Campo
26/06/2016
Grañén
26/06/2016

En el siglo XI, y a la vera del camino de Francia, nació Canfranc como pueblo fronterizo. En medio de un valle profundo, con escasos recursos agrícolas, sus habitantes se dedicaron al comercio, basando su economía en las transacciones entre Aragón y el Bearn, incluida la acogida de viajeros y peregrinos ya que por aquí discurre el Camino de Santiago aragonés. Se sabe que en 1095 existía una alberguería privada; es posible que posteriormente ésta fuera pasada a Santa Cristina, dando lugar al Hospital de este nombre en Somport. De acuerdo a algunos autores, su población estaría principalmente compuesta por francos y el topónimo, podría estar relacionado con dicho elemento.

Los reyes de Aragón concedieron a Canfranc importantes concesiones debido a dos circunstancias: el ser punto fronterizo y la pobreza de sus tierras. Así, en la segunda mitad del siglo XIV, Pedro IV concedió el llamado «privilegio del vino», mediante el cual los habitantes de Canfranc podían transportar vino blanco y tinto sin pagar el impuesto correspondiente. Otro privilegio, otorgado por la reina María de Castilla y fechado en 1440, reconocía al municipio el derecho de «rota» y «porta», obligándose sus habitantes a mantener expedito, vigilar y defender el camino a la frontera, a cambio de la exención de impuestos y el cobro de los derechos de peaje y aduana.[7]

Históricamente, las comunicaciones interfronterizas han marcado la evolución histórica del valle: el Somport —también llamado en tiempos el puerto de Canfranc— es el paso fronterizo menos abrupto y más transitado de todo el Pirineo central. Desde el viejo camino de herradura, transformado en 1876 en carretera, hasta la construcción del ferrocarril transfronterizo —inaugurado en 1928— y el reciente túnel de carretera, la historia de las comunicaciones a través del Somport está estrechamente ligada a la propia historia de Canfranc.

La antigua villa de Canfranc, pese a los devastadores incendios de 1617 y 1944, todavía conserva parte de su antiguo patrimonio monumental. Los restos del castillo, de origen medieval y ampliado en el siglo XVI, se conservan sobre una roca; la fachada de la Torre de Aznar Palacín del siglo XIV; la Iglesia parroquial de la Asunción, con sus cuatro retablos barrocos; y el conjunto monumental de la Trinidad fundado en el siglo XVI por Blasco de Les para atender a pobres y peregrinos.

La importancia estratégica y militar del valle de Canfranc, dada su cercanía a la frontera, fue la causa de la construcción de diversos fuertes y posiciones militares, entre los que destacan el Fuerte de Coll de Ladrones (siglo XVIIXIX) y la Torreta de los Fusileros (siglo XIX).

A mediados del siglo XIX, el geógrafo e historiador Pascual Madoz refiere que Canfranc contaba con 84 casas distribuidas en dos hileras, formando una calle y una pequeña plaza. Señala que sus cultivos principales eran trigo, avena y algo de azafrán, obteniéndose buenas patatas pero escasas verduras. También menciona la caza mayor —osos y corzos—, así como la pesca de truchas.[8]

La llegada del ferrocarril revitalizó el pueblo, surgiendo un núcleo urbano en el paraje de Los Arañones, donde está emplazada la Estación Internacional. Las obras de perforación del túnel duraron varios lustros; la construcción de la línea férrea comenzó en 1882 y en 1908 se abrió el túnel, si bien el ferrocarril tardó varios años más en ser inaugurado (1928).[7] Tras el devastador incendio de abril de 1944, se trasladó el ayuntamiento y la capitalidad del municipio al nuevo núcleo urbano.

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